Encontré esta historia a través del The New York Times y me conmovió. Es la historia de un tatuador de Maryland que realiza más de 1.500 tatuajes específicos cada año, para un público muy especial: no se trata de gruppies, ni de jóvenes alternativos que buscan un estilo personal… Sus clientas son mujeres que han pasado por la traumática y dura experiencia de sufrir un cáncer de mama y acuden a él en busca de la normalidad, como ellas mismas dicen. ¿Y por qué? Porque este artista les tatúa los pezones y con ello les devuelve la autoestima.

Un autoestima que para ellas supone volver a ser normales y sentirse completas de nuevo. Perder el miedo a mirarse en el espejo y conseguir verse de nuevo atractivas, gustarse a sí mismas otra vez para sentir que pueden serlo también para otr@s.

El artista se llama Vinnie Myers y a su estudio acuden ya mujeres de todo el mundo, “en busca de unos vinnies”, como lo llaman ya. Ha tatuado a más de 4.000 mujeres, más de 1.500 por año.
Su estudio muestra, como todos, ejemplos de su trabajo, miles de fotos de diseños propios, su gran catálogo. Pero en una de las paredes figura un gran mapa de EEUU en el que el tatuador ha marcado el lugar del país desde donde han llegado sus clientas para tatuarse los pechos.

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En el pequeño documental del The New York Times podemos ver a una de las protagonistas,  Caitlin Kiernan, que realiza el viaje hasta el estudio de Myers y cuenta su experiencia personal. Impresionante cómo dice que sólo quiere volver a ser normal; o cuando el artista le pregunta si está casada y ella responde: “¿Te casarías tú con ésto?” …

Vinnie Myers se convierte así en mucho más que un artista que dibuja en sus cuerpos. Su trabajo es valorado por sus clientas al mismo nivel que el de l@s cirujan@s que las operaron. Un@s borraron la enfermedad de sus cuerpos; Myers borra ahora las secuelas de la misma.

Porque el cáncer de mama no es sólo una enfermedad a la que, afortunadamente, ya cada vez más personas sobreviven. Es un duro trago que deja secuelas para siempre, cicatrices que recordarán toda la vida a esas mujeres que un día perdieron sus pechos y con ellos una seña de identidad, una característica de su feminidad.

Myers les pinta las aureolas y los pezones … Pero en realidad les pinta también la sonrisa y la autoestima; les devuelve la confianza perdida y les aporta de nuevo la ilusión.

Maravilloso … disfrutad del vídeo:

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